autorRoberto Visantz

Concierto para dos violines en Re Mayor

C

En homenaje a Raúl Hernández Novás ¿Vendrá a despertar al niño muerto… El hombre se aleja lentamente dejando una puerta abierta. Arrastra los pies. Quisiera no hacerlo pero algo que no entiende por completo le pesa. La voz de Billy le retumba en la coronilla. Se vuelve eco constante amplificado. Es el susurro perdido de sus palabras. ¿Por qué le había preguntado eso? ¿Por qué a él?  Camina...

Buscando a Corina

B

A su salida sólo quedó el aroma inolvidable de sus pasos. Ya no estaría conmigo. La puerta me lo recordaba, cada segundo, la sombra vuelta vaho contra el cristal, la sombra de su cuerpo, desnudo en mis manos, de sus senos emergiendo de entre la blusa, despertando. Corina decidió marcharse y no pude atar su destino a mis manos ya sudadas, de burócrata, tecnócrata añejado por el licor y el moho de...

Los evangelios de la esquina

L

I En este momento en que las horas se guardan en que el desterrado se entierra en su tierra y yo no soy mas que el polvo en mis ojos acuchillando el segundo de la vista; espero por ti en esta esquina. En este momento en que el cerro se difumina y no existen mas que edificios de cartón en tu horizonte, llega tu milagro, de escapularios y peces multiplicados, de panes y palabras que se hacen...

El cuerpo del fruto

E

I Vuelvo al lugar común, al instante en que se negó el paraíso para sentir los pies sin cordones o cadenas, al presente en que el alma pasó a ser concepto encerrado en cavernas de mármol en los ojos del que mira lento o camina excitado por la mercadotecnia religiosa de la cruz neón, y no veo los caminos trazados por los primigenios, no encuentro la manzana podrida y la cáscara olvidada de las...

Los amores vertiginosos

L

  ¿No es cierto que había en esa posibilidad funesta […] el imán silencioso de un abismo cuya íntima penumbra lo llamaba con la autoridad de la luna sobre el Hombre Lobo, caverna de neón en el desierto, carro de la montaña rusa con ruedas resbalosas y cinturones rotos? Xavier Velasco Diablo Guardián El teléfono repica por quinta vez. Afuera, la luna llena sigue creciendo, iluminando...

Crónicas de cine

C

I Cuando llega la madurez, y con ella la edad, el cine comienza a resultar aburrido. Deja de ser el lugar secreto, casi un altar, donde todas las tardes te ocultabas del sol y de la sombra de uno que otro moralista para empezar una aventura de manos calladas y miradas fijas en la pantalla, donde el verdadero acto erótico ocurría en el asiento de al lado o sobre tus piernas, mientras continuabas...

Idiotas y analfabetas

I

Contrario a lo que piensan las masas, el analfabeta y el idiota no nacen de situaciones hermanas. No. Antes bien se ven infinitamente separados en sus capacidades que los inserta en el mundo antes que cualquiera de ellos pueda articular coherentemente una palabra. El primero de ellos, el analfabeta, enfrenta su destino de manos sucias desde su nacimiento. Impedido, por su condición de...

Sueño

S

La vitrina dividía el encuentro oportuno de nuestras manos. La mirada esquiva en tus ojos no notaban la ardiente tristeza que invadía mi pecho. Te busqué afuera del escaparate del conocimiento. Rodeada de libros no buscabas nuevas historias y a mi, ya no podías buscarme. Sujeta de la mano de tu madre intentaste marchar hasta donde yo estaba, vagabundo de las sensaciones, contemplando inerte tu...

Día

D

De madrugada, envueltos en una tela negra rematada por un nudo simple que hace a veces de agarradera, los enfermeros sacan por el pasillo central los cuerpos de aquellos que no lograron nacer. A su paso las puertas aledañas se van cerrando estrepitosamente, mientras ellos avanzan por el pasillo central cargando la atumorada mortaja que, en su exceso de peso y el vaivén del paso lento, va marcando...

Sexo oral

S

Me ofende la estulticia de tu boca sobre la piel, prosaica y húmeda crea el zurco continuo donde se planta la semilla eléctrica que yergue los vellos del cuerpo, baja impúdica y babeante sobre el vientre inmóvil de Apolo que amenaza con su flecha de fuego el paraíso. Hiere la boca como cíclope cegado, cantando las notas guturales del inframundo, hiere hasta que la sangre corra y moje la tierra...

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