Día

D

De madrugada, envueltos en una tela negra rematada por un nudo simple que hace a veces de agarradera, los enfermeros sacan por el pasillo central los cuerpos de aquellos que no lograron nacer. A su paso las puertas aledañas se van cerrando estrepitosamente, mientras ellos avanzan por el pasillo central cargando la atumorada mortaja que, en su exceso de peso y el vaivén del paso lento, va marcando las formas de pequeñas cabezas que no pudieron ser acariciadas por vez primera por ninguna madre.
Sobre el piso de adobe del viejo hospital caminan entre las jardineras de cemento de flores marchitas, contemplando el cielo nocturno opacado por las barras luminosas que parpadean bajo los salientes de las dos alas del edificio. Tras las cortinas de las habitaciones ocultos por las pesadas puertas de madera, los ojos de los curiosos se asoman y miran en en silencio la nocturna procesión.
Avanzan sin llanto, sin mirar bajo sus manos el reacomodo constante de las pequeñas osamentas cuyo único sonido cercano a la vida fue el crujido de la gruesa tela sobre su piel. Avanzan, esperando al final, tras los portones metálicos que dan a la calle, poder deshacerse de la faena nocturna y volver con aquellos que vuelcan sus llantos al dolor de la noche febril de adobe, al frío soporífero de cuerpos enfermos que esperan el amanecer.

acerca del autor

Roberto Visantz

Roberto Visantz. Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información, además de docente en diferentes niveles académicos.

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