Huesoroto

H

 

1

Tengo la cara árida por los silencios

Las palabras ya no surcan estos labios resecos

Me deshago

Me deshago

Y junto de nuevo mis pedazos para moldearme

 

Soy el monstruo de barro

El nuevo viejo

El de la vida prestada y las historias calladas

Llevo el estandarte de la caída

La flor de la desdicha

Y me encierro en lo perverso para no encontrar manos

sangre, saliva

 

Tengo la mirada rasgada como los muertos

El iris corroído por la imagen perpetua del recuerdo

De los fantasmas que cruzan y se vuelven esquinas

Donde espero sentado, la última visita

 

Tengo el dolor en la lengua ensangrentada

Aquella que lamió sociedades enteras

Que robó palabras encapsuladas

Y solo le queda la aridez del hielo seco

 

Tengo el sonido del quebranto

El golpe contra los huesos y la nota del silencio en el vacío

 

Estoy en la cama

Soy la cama

Y este cuerpo mío se evapora

Se desliza a la llanura del no-orgasmo

De los huesos hechos polvo

Y la lengua entre las sábanas

 

2

El niño leía historietas e imaginaba guerras

Soldaditos invisibles

Pum

Pum

La caída al suelo blanco y de nuevo de pie

Muñones mordidos, sin brazos, sin cabeza

Sin rifle

La noche se prolongaba hasta las nueve

Y la cama

Un escape donde visitar paraísos astrales

Una vista vaga del amor

Del sueño fluido y pegajoso

Y el caer

El irrumpir violento de los labios de mujer

Un día, un día

Los besos y las caricias no comprendidas

La saliva de zinc sobre los ojos

Y el orgasmo

La explosión de un mundo

La destrucción de los sueños

Y la pérdida de los soldados sobre el piso blanco

 

3

Con la falda de escuela y las medias blancas en el piso

Con los sillones de madera y la casa sola

Los ojos se escondían en los barrotes de la escalera

No los viste

El piso era muy frío y cerraste tus ojos

No los viste

La mirada ebria con botella de Don Julio

Esperaba sonriente la respuesta de los cuerpos

Supervisora de las bodas de los príncipes

Aguardaba el momento de la flor de sangre

Para reírse

Para demostrarte que tus confesiones de luna eran mentiras

Que la amistad no existe

Sino sólo como complicidad

Cazadoras del infortunio de la carne

Y el silencio avistor

 

4

Mi hermano me dijo “las niñas cuelgan hilos de sus lenguas”

Y busqué por las calles con el carrillo de hilo blanco

Palpitando en la bolsa izquierda del pantalón

Con un ojo cerrado caminaba en la cuerda floja de las banquetas

Y el carrillo se dilataba, el hilo se volvía de plata

 

Bajo los carros y en la puerta de los antros

Sólo a la espera, en el silencio de la sombra de los otros

Y el carrete se volvía eterno, ya no tenía principio

Sólo la punta intentando escapar de la tela del pantalón

Tenia que cortar, que detenerme para que no se cayera

Para no perderlo en la búsqueda y continuar tras las lenguas

Tras los dientes y la promesa de la imagen

 

Eras tú la que buscaba, la de lengua de fuera y los ojos asustados

 

Intenté arrancarte la lengua y perforarla con el hilo de plata

Y colgaba de ti el carrete entero

Y corrías desnuda por las calles oscuras dejando tu rastro

Marcándome el camino para encontrarte, para seguirte

Y ver el hilo dichoso en tu lengua, y tu mirada que perezosa

Tomaba otro color

Otro sabor

Y le dije a mi hermano

“todas las niñas cuelgan hilos de sus lenguas”

acerca del autor

Roberto Visantz

Roberto Visantz. Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información, además de docente en diferentes niveles académicos.

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