Sueño

S

La vitrina dividía el encuentro oportuno de nuestras manos. La mirada esquiva en tus ojos no notaban la ardiente tristeza que invadía mi pecho. Te busqué afuera del escaparate del conocimiento. Rodeada de libros no buscabas nuevas historias y a mi, ya no podías buscarme. Sujeta de la mano de tu madre intentaste marchar hasta donde yo estaba, vagabundo de las sensaciones, contemplando inerte tu pequeña figura que me fue arrebatada. Lucías el feliz atuendo de la infancia, sonriente de gatos y perros estampados, arropando un corazón roto de pérdidas mientras posabas tu pequeña mano en el cruento cristal. Algo dijiste, pero las palabras se rompieron como las olas en el peñasco transparente. Te respondí con la voz del oleaje embravecido esperando desgastar las capas de silencio cristalino que nos separaba. Fue en vano. Ella tomó tu mano y en la media vuelta perdiste los años que pasaste conmigo, te adentrarte en los pasillos atestados de libros que jamás serán leídos y el pelo suelto sobre tu espalda se ajustó en una pequeña coleta que apenas llegaba a tu cuello. Te alejaste y a cada paso el tiempo retrocedió para llenarte de olvido, y yo, observando como tu cuerpo cedía hasta volverte un pequeño fragmento de mi mismo, rompí el cristal de mis ojos en mil pedazos. Pero ya no estabas ahí.

acerca del autor

Roberto Visantz

Roberto Visantz. Tepic, Nayarit (1985). Es licenciado en Letras Hispánicas por la UdeG. Es maestro en Estudios Filosóficos por la misma casa de estudios. Tiene publicados dos libros, Las humedades, (Editorial Limbo) y Las mil muertes absurdas o como escribir una novela (CECAN). Ha sido periodista para medios universitarios y editor de información, además de docente en diferentes niveles académicos.

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